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Nuestra naturaleza humana, es llamada en las escrituras " La Carne" y es según las escrituras, no solamente débil para todo lo espiritual, sino que se opone a todo lo que sea de naturaleza espiritual, es un rival encarnizado del espíritu y es por eso que está "fichada", por decirlo así, como enemigo numero uno de la vida cristiana. Cuando el espíritu quiere ayunar la carne quiere comer, cuando el espíritu quiere vigilar la carne quiere dormir, cuando el espíritu quiere ir a las reuniones de la Iglesia, la carne quiere quedarse viendo televisión. En nuestro caminar espiritual con el Señor nos encontraremos infinidad de veces con esa lucha interna, por que no es la intención de la carne hacer la voluntad de Dios. Notemos que estamos hablando de nuestra carne como si fuera otra persona y no nosotros mismos, quizás no lo hayamos notado hasta el día de hoy, la carne tiene sus propias inclinaciones y deseos, los cuales son terrenales y mientras nosotros vivimos terrenalmente nos las llevamos muy bien con ella. Pero cuando aspiramos una vida superior espiritual, pronto empezaremos a notar cuan fuera de control está nuestra propia carne. La pereza impidió a los discípulos orar con el Señor en los momentos más angustiosos y quizás la única oportunidad cuando Jesús necesitaba de su apoyo. Mateo 26:38-41; "Entonces Jesús les dijo: Mi alma está muy triste, hasta la muerte; quedaos aquí, y velad conmigo. Yendo un poco adelante, se postró sobre su rostro, orando y diciendo: Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa; pero no sea como yo quiero, sino como tú. Vino luego a sus discípulos, y los halló durmiendo, y dijo a Pedro: ¿Así que no habéis podido velar conmigo una hora? Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil."
Nuestra carne es portadora de la naturaleza caída de Adán. Y aunque nosotros muchas veces queremos hacer el bien los deseos de la carne se oponen, pues lo que fluye naturalmente en nosotros es el odio, el rencor, los malos pensamientos, la ira, las pasiones desordenadas. Muchas veces al desconocer esta verdad, pensamos que un mundo de niños seria un mundo ideal, pero si los observamos notaremos que, no los podemos dejar solos jugando por que se manifiesta entre ellos el egoísmo, al querer acaparar uno el juguete de los demás, formándose peleas por cualquier tontería, claro que ellos no saben por que lo hacen y por su raciocinio que no está desarrollado no guardan rencor y a los 5 minutos ya están jugando otra vez, listos para otra pelea lo cual corrobora lo que dice la Palabra de Dios, nosotros somos pecadores, no por que pecamos, sino que pecamos precisamente por que somos pecadores, o sea, que el pecado que está en nuestra carne nos impulsa a hacer sus malas obras, por esto Dios tiene que darnos el Espíritu Santo en nuestros corazones para romper con este ciclo, lo que es para nosotros imposible el Señor en su misericordia nos lo da. Romanos 7: 15-20; "Porque lo que hago, no lo entiendo; pues no hago lo que quiero, sino lo que aborrezco, eso hago. Y si lo que no quiero, esto hago, apruebo que la ley es buena.De manera que ya no soy yo quien hace aquello, sino el pecado que mora en mí. Y yo sé que en mí, esto es, en mi carne, no mora el bien; porque el querer el bien está en mí, pero no el hacerlo. Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago. Y si hago lo que no quiero, ya no lo hago yo, sino el pecado que mora en mí."
Nosotros como cristianos y discípulos del Señor debemos de vivir en el espíritu. Es la única posibilidad que tenemos de seguir al Señor, hay una lucha entre la carne y el espíritu, los cuales se oponen entre sí para que no hagamos lo que queremos. Así que debemos hacer morir por el Espíritu de Dios, las obras de nuestra carne, esto solo lo lograremos sometiéndonos a la voluntad de Dios y permitiéndole actuar en nosotros. Debemos hacer de la oración nuestra herramienta principal y dedicarle tiempo suficiente durante cada día, pues está comprobado por la experiencia, que un cristiano que no ora lo suficiente es un cristiano carnal. Que con toda seguridad pasará a formar parte de los problemas de la Iglesia y presa fácil del mal, de igual manera la lectura de la Biblia es importante para nuestra salud espiritual. La Palabra de Dios, es el alimento del alma y a través de ella Dios nos enseña, nos amonesta, nos edifica, nos advierte, etc. Romanos 8:5-9; "Porque los que son de la carne piensan en las cosas de la carne; pero los que son del Espíritu, en las cosas del Espíritu. Porque el ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz. Por cuanto los designios de la carne son enemistad contra Dios; porque no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden; y los que viven según la carne no pueden agradar a Dios. Mas vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él."
Los que practican las obras de la carne no entrarán en el reino de Dios. Porque como hemos visto, el señor ha preparado obras desde la fundación del mundo, para que andemos en ellas y si hemos muerto con Cristo no podemos seguir viviendo en las obras en las que vivíamos antes de conocer al Señor. Esto no quiere decir que no cometamos uno que otro error, sino que el anhelo mayor de nuestro corazón es de ser cada día como fue Jesús, y estar dispuestos en el momento en que fallemos a reconocerlo delante de Dios, pidiéndole perdón. Y dar un buen testimonio disculpándonos, si es el caso de que hubiésemos ofendido o lastimado los sentimientos de alguien. Gálatas 5:19-23; "Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías,"
No podemos ir contra la naturaleza, ni las leyes de Dios. Esto es la clave de la victoria espiritual, si sembramos higos no podemos cosechar papas. Así como es en el mundo material así es en el espiritual, nadie va a recibir amor de sus semejantes si no lo brinda primero, no van las demás personas a ser consideradas con nosotros si nosotros no somos considerados con los demás. Vamos a recibir solamente lo que hemos sembrado, así que si solamente en esta vida sembramos para la carne y sus deseos, un día cuando partamos, lo que cosecharemos será perdición y castigo eterno. Hagamos morir la carne con sus pasiones o moriremos con ellas. Gálatas 6: 7-9; "No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará. Porque el que siembra para su carne, de la carne segará corrupción; mas el que siembra para el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna. No nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos."
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