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EL MINISTERIO DE JESUCRISTO 1).- Darnos a conocer a Dios a través de su Palabra. El nos amplió, esclareció y nos reveló muchas cosas de Dios, que no estaban suficientemente claras en el Antiguo Testamento o que sencillamente no habían sido reveladas hasta ese momento por el Padre, y de ésta manera rebelarnos todo acerca de la salvación, la vida eterna y la comunión con Dios. Este pasaje de Hebreos 1:1-3 nos aclara que en otros tiempos, Dios ha hablado de muchas formas a nuestros ancestros a través de los profetas, pero ahora en los últimos tiempos ha hablado a través de Jesucristo su hijo unigénito, leamos también en el evangelio de Juan 12:49 donde el mismo Jesús nos aclara que todo lo que él habló fue porque, el Padre nos lo mandó a decir por su intermedio. Juan 12:49; “Porque yo no he hablado por mi propia cuenta; el Padre que me envió, él me dio mandamiento de lo que he de decir, y de lo que he de hablar.”
2).- Darnos a conocer ha Dios a través de las obras. El gran poder de Dios y la manera de como él está dispuesto a actuar para ayudarnos a cada uno de nosotros sin distinción ni favoritismos, también como él se compadece de nosotros en nuestras debilidades, dolores y necesidades, los cuales no le son ajenos pues nos demostró cuanto nos ama y hasta donde está dispuesto a llegar por ese amor, el cual no escatimó ni a su propio hijo. Juan 10: 24-39. “Y le rodearon los judíos y le dijeron: ¿Hasta cuándo nos turbarás el alma? Si tú eres el Cristo, dínoslo abiertamente. Jesús les respondió: Os lo he dicho, y no creéis; las obras que yo hago en nombre de mi Padre, ellas dan testimonio de mí; pero vosotros no creéis, porque no sois de mis ovejas, como os he dicho. Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen, y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano.”
3).- Vino a salvarnos de la condenación eterna. Como hemos visto en el capítulo anterior la única manera de limpiar nuestros pecados es lavándonos por fe en la sangre de Cristo, lo cual es la única manera de entrar en el reino de los cielos, pues si somos excluidos de entrar en los cielos no será por pecadores (podemos planteárnoslo así) sino por rechazar al Hijo de Dios, pues él, está dispuesto a perdonar todos nuestros pecados, así que el pecado más grande de todos podríamos decir es, rechazar a Jesús. Dios el Padre ha estipulado una ley que dice: “ la paga del pecado es muerte” y dado que no hay hombre sobre la tierra que no haya pecado muchas veces, y de diferentes maneras, faltando así la ley de Dios, todos estamos condenados a morir. Cuando Dios establece una ley no es como los jueces terrenales que muchas veces no la aplican para favorecer a algún amigo o familiar, las leyes de Dios son inquebrantables y queriendo el Señor librar a la humanidad de esta condenación de muerte, que implica no solo la muerte física, sino también la espiritual que significa la separación eterna de Dios, en un sitio terrible de castigo, como lo es el infierno, que no fue hecho para los hombres sino para el diablo y sus ángeles. Envió el Señor a Jesucristo como sustituto para ocupar nuestro lugar y recibir el castigo destinado para nosotros, ahora bien este sustituto no podía ser otro pecador, pues no puede alguno que está convicto por un delito ayudar a nadie, y no puede hacer más que pagar su propia condena. Este sustituto tenía que ser sin mancha, perfecto delante de Dios, perfecto en obediencia y capaz de vivir sin pecado, allí donde hemos fallado a Dios, para poder llevar sobre sí mismo toda la culpa de la humanidad, y solamente Jesús cumplió todos esos requisitos. Juan 3:17-20. “Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él. El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios. Y esta es la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas. Porque todo aquel que hace lo malo, aborrece la luz y no viene a la luz, para que sus obras no sean reprendidas.”
4).- Nos ha comprado para Dios. Dios ha pagado por decirlo así un precio muy alto por nosotros, el cual no valemos, dice la escritura que él nos compró no con oro o plata (lo que hubiera sido extremadamente fácil para Dios pues él es el creador de todo lo que existe, ¿ Cuanto le hubiera costado crear cualquier cantidad inimaginable de oro? (Seguramente nada), sino que él pagó un precio mucho más elevado que fue la vida de su único Hijo, totalmente inocente y sin pecado. Dice la escritura que ha causa de nuestros pecados hemos caído, bajo el dominio de Satanás y nos hemos hecho sus esclavos al obedecer a nuestra carne, en sus pasiones y someternos a hacer tantas cosas que desagradan a Dios, pero son tan normales en la vida de hoy. Dios tuvo que pagar un precio por nosotros para rescatarnos de las tinieblas como dice el siguiente pasaje de 1 Pedro 1: 18-2; “sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación, ya destinado desde antes de la fundación del mundo, pero manifestado en los postreros tiempos por amor de vosotros,”
5).- Es nuestro sumo sacerdote delante de Dios. Jesús es el único intermediario entre Dios y los hombres, por eso es él quien intercede por nosotros en el cielo y nos defiende de los ataques y acusaciones del maligno que es enemigo nuestro y de Dios. Como dicen estos versículos de Hebreos 4:14-16, podemos acercarnos a él confiadamente porque Jesús nos entiende, podemos contarles nuestros temores y padecimientos que con toda seguridad encontraremos su apoyo. Hebreos 4: 14-16. “Por tanto, teniendo un gran sumo sacerdote que traspasó los cielos, Jesús el Hijo de Dios, retengamos nuestra profesión. Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado. Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro.” 6).- Es el único camino a Dios. Como ya hemos visto es literalmente Jesús el único camino a Dios y es siguiendo sus pasos y guardando sus mandamientos que un día podemos entrar al reino de los cielos. En las demás religiones sobre la tierra es una constante, el hombre buscando a Dios, perfeccionándose para parecerse más a Dios cada día, sin embargo, en el cristianismo es Dios que envió a su hijo Jesucristo a buscar a los hombres y a salvar “ lo que se había perdido”. No necesita Ud. ser perfecto para acercarse a Dios, ni librarse de una cosa o de otra, Jesucristo dijo “ venid a mí todos los que estéis cargados y trabajados que yo os haré descansar” si ya Ud. es “perfecto” no necesita a Dios, es Dios quien se ofrece a cambiar nuestras vidas, quitarnos los vicios y ayudarnos a enderezar las cosas que hemos hecho torcidas. La Biblia dice en Mateo 6:27, que por más qué nos afanemos no podemos aumentar nuestra estatura unos centímetros . ¿Cuántas personas hay atadas en un vicio, aún sabiendo que están destruyendo sus vidas y sin embargo, por más que tratan no pueden safarse de esa atadura? En mi vida como cristiano he visto a personas que atadas por las drogas y el alcohol, al pedir la ayuda de Jesús han sido liberadas en un solo día. Juan 14:6. “Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.” 7).- Todo poder le fue dado. A Dios le ha placido poner todo el universo a los pies de Jesucristo y darle a él todo el poder y la autoridad en los cielos y en la tierra, así que es imposible obtener algo de Dios sin pasar antes por la autoridad de Jesús, aún todas nuestras oraciones deben ser hechas en su nombre. Mateo 28:17-20. “Y cuando le vieron, le adoraron ; pero algunos dudaban. Y Jesús se acercó y les habló diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.” 8).- Todo lo que pidamos en su nombre nos será concedido. El Padre no oye nuestras oraciones, sino son hechas en el nombre de Jesús, por eso vemos tanta gente que durante años pide a los ídolos de todo tipo y nunca recibe respuestas, de igual manera muchos piden a algún apóstol o santo para que este a su vez la pida a Dios y así “facilitar” las cosas. Dios sólo recibe y responde nuestra oración cuando la hacemos a él directamente y en el nombre de Jesús. Cómo podemos pedirle nosotros algo a Dios Padre en nuestro propio nombre, ¿ Cuales son nuestras credenciales delante de Dios? ¿Una vida de desobediencia, dedicada a ser nuestra voluntad en todo?. Solamente Jesucristo tiene los méritos suficientes para pedirle a Dios y ser oído directamente, nosotros pediremos en su nombre como está escrito en el evangelio de Juan 16: 23-24. “En aquel día no me preguntaréis nada. De cierto, de cierto os digo, que todo cuanto pidiereis al Padre en mi nombre, os lo dará. Hasta ahora nada habéis pedido en mi nombre; pedid, y recibiréis, para que vuestro gozo sea cumplido.” |
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